EN BUSCA DEL FUEGO

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Hacerse una serie de autorretratos. ¿Para que? ¿Qué hay de diferente en nuestro rostro de un día a otro, de un mes a otro mes? Qué hay de distinto, para que pueda ser mirado. Quizás la mirada más compleja, la mirada que muy pocos podemos proponemos como tarea sea la de indagar el lento cambio de nuestro rostro. Su aparición y desmoronamiento. Un rostro es un paisaje. Y, al igual que la naturaleza, va asumiendo nuevos pliegues, nuevas manifestaciones. Nuestro rostro cambia como varía la tierra, imperceptiblemente. Nuestro rostro es otra geografía: invisible. De allí que la insistencia en el autorretrato sea el oficio de aquellos trabajadores del mirar, de los topógrafos, de lo orógrafos del tiempo. Recordémoslo: ese rostro que vemos igual cada día no es el rostro de ayer, ni mucho menos el rostro de mañana. Repitámoslo: más allá del ver está el mirar‑, más allá del espejo está el tiempo

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Mi ciudad natal es Algaida, en Mallorca, alias "sa roqueta", Islas Baleares, pero vivo en Barcelona desde 1992 (¡casi nada!)
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Uno solo, por favor (poesía, Calambur)
Lais per amants distingits (poesía, Abadia Editors)
Nos casamos (Ensayo, Maeva)
Mejan (Biografía, El Tren del Arte, Anuart Ediciones)
La ciencia de la serenidad (Ensayo, Ámbar, Océano Editorial)
Guía de teleservicios de Barcelona (El País Aguilar)
Guías de experiencias para "La vida es bella" (La Vida es Bella - FNAC)

por cierto...

Nada es del todo poesía ni prosa ni ficción ni no ficción. Es lo que es, lo que hay y lo que podría haber. Y no. En definitiva: la fiesta está en tu interpretación.

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algunos sabios griegos, preocupados por el estudio de los elementos, al preguntarse qué nos movía, el alma-motor, especulaban si se trataba de un fuego o del éter, mientras otros afirman hoy que lo que guía la acción humana es la información...

Domingo, 06 de noviembre de 2005

Paradoja sobre la actual y futura funcion del libro y la lectura, por Ángel Nogueira Dobarro

LA ACTUAL Y FUTURA FUNCIÓN DEL LIBRO Y LA LECTURA
COMO CREADORES DE UNA CONCIENCIA ÉTICA
EN EL CONTEXTO DE LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO
Y SU ESTRUCTURACIÓN EN REDES DIGITALES.
SE PERFILAN NUEVOS HORIZONTES
PARA LA COMUNICACIÓN Y LA EDICIÓN


ÍNDICE
1. Punto de partida y su contexto
2. Características de la actual mundialización y sus consecuencias prácticas
3. La comunicación intercultural, un proyecto alternativo e innovador de
los comportamientos sociales y comunicativos
4. La lectura individualizada como narratividad creadora de una conciencia
crítica y del contenido del psiquismo humano

1. PUNTO DE PARTIDA Y SU CONTEXTO
a) Contexto sociocultural y comunicativo
Vivimos en una sociedad en que gran parte de la creación cultural, su historia y la misma comunicación están al servicio de unos valores que destruyen la realidad humana y su entorno. En el conjunto de las relaciones sociales y ecológicas se ha olvidado todo criterio ético por mínimo que éste sea. Está todo gobernado por la inmediatez del principio de la rentabilidad, y toda actividad social termina siendo un mero producto virtual al servicio de la especulación, perdiendo así la producción su carácter material, objetivo y somático. Ha desaparecido de nuestra historia mental la producción industrial o artesana como bienes objetivos y públicos, convertibles éstos en servicios sanitarios, educativos, agrícolas o en un sistema alimentario. Se va reduciendo al mero consumo o a la concepción del dinero como producto fundamental de un sistema social cada día más virtual, cuya motivación en tanto mercancía es la producción de una rentabilidad rápida y especulativa, en el torbellino de los flujos temporales.
De este modo, quien no pueda ser consumidor queda marginado de la vida social y se le aplica la nueva categoría sociológica de desechable o de desperdicio, por primera vez en la historia humana. Hasta ahora siempre hemos entendido estas categorías como aplicadas a un objeto que había quedado obsoleto para prestar un servicio; pero en la actualidad es concebible que pueda entrar en esta categoría cualquier ser humano. Hoy ya se puede hablar de vidas desperdiciadas.
En resumidas cuentas, los bienes de consumo encarnan una no-finalidad y una revocabilidad máximas de las elecciones y una máxima disponibilidad de los objetos escogidos. Y, lo que es más importante todavía, parecen otorgarnos el mando. Somos nosotros, los consumidores, quienes trazamos la línea entre lo útil y lo residual. Con los artículos de consumo como compañeros, podemos dejar de preocuparnos por acabar en el cubo de la basura.
Los productos comerciales de consumo encarnan involuntariamente la paradoja suprema de la cultura de los residuos:
Primero, es el horroroso espectro de la desechabilidad —de la superfluidad, el abandono, el rechazo, la exclusión, el desperdicio— lo que nos mueve a buscar la seguridad en el abrazo humano.
Segundo, de esa expedición es de la que nos desviamos hacia los centros comerciales.
Tercero, es la propia desechabilidad, mágicamente reciclada de enfermedad terminal en terapia, lo que allí encontramos y lo que sentimos es el impulso de llevarnos a casa y de guardar en el botiquín de primeros auxilios.
Consolados por nuestro nuevo conocimiento, nos sentamos a ver —absortos, encantados, hechizados y transportados— la próxima entrega de Gran Hermano, El rival más débil, Superviviente o cualquiera que sea la última versión de «telerrealidad». Todas ellas nos cuentan la misma historia: que, salvo unos cuantos ganadores solitarios, nadie es realmente indispensable; que un ser humano les sirve a otros seres humanos únicamente en la medida en que pueda ser explotado en provecho de éstos; que el cubo de la basura, destino final de los excluidos, es la expectativa natural para aquellos que ya no encajan o que ya no desean ser explotados de semejante forma; que supervivencia es el nombre del juego de la convivencia humana y que la apuesta máxima de la supervivencia consiste en sobrevivir a los demás. Estamos fascinados por lo que vemos, del mismo modo que Dalí o De Chirico deseaban fascinarnos con sus lienzos, cuando se afanaban por exhibir los contenidos más íntimos y recónditos de nuestras fantasías y temores subconscientes.
El primitivo Gran Hermano, aquel sobre el que escribiera George Orwell, presidía fábricas fordistas, cuarteles militares y una infinidad de panópticos grandes y pequeños, del tipo de los de Bentham y Foucault. Su único deseo estribaba en no dejar salir a nuestros antepasados y en devolver al rebaño la oveja descarriada. El Gran Hermano de los reality shows televisivos se preocupa exclusivamente de dejar fuera —y, una vez fuera, fuera para siempre— a los hombres y las mujeres sobrantes: los no aptos o menos aptos, los menos inteligentes o los menos entusiastas, los menos dotados y los menos ingeniosos.
Al viejo Gran Hermano le preocupaba la inclusión, la integración, disciplinar a las personas y mantenerlas ahí. La preocupación del nuevo Gran Hermano es la exclusión: detectar a las personas que «no encajan» en el lugar en el que están, desterrarles de ese lugar y deportarlas «al sitio al que pertenecen» o, mejor aún, no permitir que se acerquen lo más mínimo. El nuevo Gran Hermano suministra a los oficiales de la inmigración listas de personas a las que no deberían dejar entrar y a los banqueros la lista de la gente a la que no deberían ingresar en la categoría de solventes. Instruye a las guardias acerca de a quiénes deberían detener en la puerta y no permitirles que entren en la comunidad encerrada. Incita a los vigilantes vecinales a que identifiquen y pongan de patitas en la calle a los merodeadores y holgazanes, forasteros fuera de lugar. Ofrece a los propietarios circuitos cerrados de televisión, para mantener alejados de la puerta a los indeseables. Es el santo patrón de todos los gorilas, tanto al servicio de un club nocturno como de un Ministerio del Interior.
[Zygmunt Bauman, Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias, Barcelona, Paidós, 2005, pp. 168-169.]
La pregunta a la que hemos de dar respuesta es «si el juego de inclusión/exclusión es la única manera posible de conducir la vida humana en común»... o «la única forma concebible que pueda adoptar o de la que podemos dotar a nuestro mundo compartido».
Por otra parte, la sociedad de conocimiento como contexto actual, es ciertamente una comunidad de ciencia y tecnología en constante interacción con las ideas e intereses de la sociedad. Dicho estado del conocimiento ha convertido toda nuestra realidad en indetermi-nación, probabilidad y flujos, en azar e historicidad. Quizás sea ésta la nota más importante de la naturaleza e invención actual del conocimiento científico, su carácter histórico, temporal y la posible capacidad de diálogo con el cosmos a través de nuestro soma.
Ahora bien, lógicamente esta sociedad del conocimiento no es una realidad neutra u objetiva, ni tampoco sus aportaciones a la producción social son definitivas, sino todo lo contrario, dicha sociedad nace en un sistema previo: la vieja sociedad capitalista, en profunda crisis y muy centrada en los flujos de su rentabilidad especulativa y financiera. Con todo, es obvio destacar el carácter social de la producción científica y entender la ciencia actual como una construcción social. «La articulación social de la ciencia estaría constituida [...] por una trama de mediaciones, que a la par que unen, distancian». En este sentido, es evidente que la producción científica y técnica actual están sujetas a fines y valores humanos, a la pluralidad de propósitos e intereses que marcan una sociedad diversa y fragmentada en crisis civilizatoria y ecológica, en tanto que realidad sociohistórica que todo ello es.
Las diferentes tradiciones desde las cuales se pueden comprender las relaciones ciencia-tecnología-sociedad ofrecen un punto de partida común:
• La innovación científico-tecnológica es un producto social conformado por factores culturales, políticos y económicos, además de epistémicos. Se trata de valores e intereses que hacen de la ciencia y la tecnología un proceso social.
• La política científico-tecnológica es un factor determinante que contribuye a modelar nuestras formas de vida y nuestro ordenamiento institucional. Constituye un asunto público de primera magnitud.
• Compartimos un compromiso democrático básico.
• Por tanto, deberíamos promover la evaluación y control social del desarrollo científico-tecnológico, lo cual significa construir las bases educativas para una participación social formada, así como crear los mecanismos institucionales para hacer posible tal participación.
[M. Fernández Enguita, X.M. Souto, R. Rodríguez Rávena, La sociedad del conocimiento: democracia y cultura, Barcelona, Octaedro, 2005, pp. 110-111.]
En definitiva, esta crisis actual civilizatoria y ecológica global la podemos percibir como un disenso cultural y comunicativo que podríamos resumir en la palabra globalización o mundialización. Ésta como pensamiento único y como ideología hegemónica exige una sumisión sin fisuras. Y así, si hace falta se acude a la fuerza y a la violencia institucional para prevenir toda voluntad de resistencia a su control y poderío. Bajo este aspecto constantemente se demoniza al adversario como amenaza para el conjunto de las sociedades; pero también se ha de advertir que hoy existen enormes dificultades para tener conciencia de que este proceso y crisis histórica están vinculadas al movimiento integral de la mundialización. Ahora bien, para oponerse a este estado de cosas ya no basta con la protesta, la rebeldía o la desobediencia civil en contra de... o la simple manifestación en las calles de nuestras ciudades. La alternativa ha de venir de la creatividad, de otra fuente interior capaz de inventar otro sistema social de valores y su praxis histórica; otras culturas y comunicaciones. En definitiva, ser capaces de autodeterminación desde la energía presente en su interioridad de tal modo que le lleve a participar responsable y solidariamente en los asuntos públicos y en la gestión activa de los recursos ecológicos y humanos, desde un profundo sentido ético cuyo límite y posibilidad sea la construcción de una alteridad alternativa. Y así, podemos entender la mundialización como «el proceso dominante en torno al cual se ordenan la mayoría de las transformaciones del mundo contemporáneo». Y como «una alteración del conjunto de estructuras de nuestras sociedades». Bajo este aspecto es importante asumir el desafío que la mundialización opone a la cultura contemporánea: «la desaparición de los valores democráticos aplastados por la apisonadora del mundialismo». Así tenemos en nuestro contexto el nuevo papel del dinero; la impotencia de los políticos para actuar en su propia sociedad, la presión mediática que nos lleva a un vaciamiento del sistema democrático, esto es, «a una des-sustancialización de la democracia». Lo que hoy está en juego es la muerte de los valores democráticos y la imposición hegemónica del imperio de los Estados Unidos como idea única de la convivencia.
Tal como afirma Nicolás López Calera: «quizás la cuestión de fondo más importante sea la alternativa resistencia o sometimiento a la mundialización, esto es, la aceptación o el rechazo de la lógica que gobierna la evolución del mundo desde la mutación financiera del capitalismo y la caída del muro».
Pero, en verdad, la mundialización no puede entenderse como algo inmutable, ni como un proceso irreversible, neutro, ni tampoco como un camino feliz hacia la modernidad. Ahora bien, «ser antimundialista sólo significa una cosa: que rechazamos la servidumbre que nos tienen destinada».
Hoy lo esencial es que la autodeterminación creativa surja de la conciencia y el corazón de la sociedad civil.
¿Qué puede hacer para cambiar este contexto social un nuevo concepto del libro y de la lectura?
b) Tema: El libro y su narratividad como fuente creadora de conciencia
El primer hecho que merece la pena destacarse es cómo la existencia del libro ha cambiado de contexto social y, por lo mismo, de significación cultural en la historia presente. Lo cual quiere decir que no es similar la situación y el sentido del libro en relación con las actuales posibilidades de la imprenta; hoy nos encontramos inmersos ya en una sociedad red e informacional, plena de flujos inestables de información, y en que es posible digitalizarlo todo: imágenes, texto, sonido, números, movimiento, etc.
La idea del tema que les quiero proponer a su consideración, me lo ha sugerido un hermoso e hiriente libro de Germán Castro Caycedo: Más allá de la noche, en el que nos cuenta la historia real de una mujer guerrillera, quien por medio de la lectura, el libro y sus actividades en una biblioteca logra transformar radicalmente su vida, cambiarse en otra persona. El hecho es real e inicia su proceso cerca de la ciudad de Neiva y lo culmina en Bogotá. Junto a esta historia se narra otra que es el encuentro amoroso de la guerrillera con el soldado, enemigos irreconciliables a pesar de sentirse y comportarse como enamorados. La verdadera historia que singulariza este libro es la profunda metamorfosis que sufre Eloísa en contacto con el libro y su experiencia de la lectura. Aquí es ésta la historia que verdaderamente nos interesa.
Lógicamente, esto me provoca reflexionar de nuevo acerca de la naturaleza del libro hoy, así como de la lectura y la función social de las bibliotecas públicas y, por extensión, inclusive de las librerías con sentido de responsabilidad y solidaridad.
Todo esto es lo que me ha llevado, pues, a plantearles otro concepto del libro, de la lectura y de las funciones de una biblioteca al servicio del conjunto de la sociedad.
Les hago partícipes de las notas y reflexiones que he ido tomando estos días pasados. Les adelanto en síntesis que el concepto del libro y de la lectura del que hoy les quiero comentar algo, dice relación efectiva con la configuración y conformación de una interioridad humana, a partir precisamente del «ejercicio de la actividad lectora». Ciertamente que existen muchas formas y motivaciones que pueden justificar el acto de leer, pero hoy les quiero señalar su posible actividad transformadora de las personas.
En este sentido, el libro sería la herramienta eficaz capaz de crear conciencia, intimidad y la dimensión ética de nuestro psiquismo.
La lectura sería el acto silencioso con el que se elabora el contenido de la psique humana, su narratividad. Así pues, el libro y la lectura se configuran como argumento y camino de una posible transformación y cambio personal, una modificación eficaz de la propia historia.
El libro, pues, juega hoy en un espacio diferente del que hace algunos años, debido a la aparición de la imprenta con sus caracteres móviles. Adquirió, entonces, una gran difusión y desarrollo. En consecuencia, cumple con una de las tesis de la modernidad: la afirmación del sentido de la individualidad. En el contexto tradicional la principal función que ejercía el libro impreso era la expansión y generalización de los saberes y de la cultura escrita. Surge, así, la teoría y referencia del texto que suple poco a poco las memorias orales. Se impone la cultura canónica con su determinación y escritura, que provoca algunas consecuencias que inmediatamente se reflejan en la estructuración de la mente humana: aparece una concepción lineal del tiempo, del conocer y del poder, que se constituyen, a su vez, en norma y regla de orden y comportamiento. Por lo cual se nos impone indirectamente, en los propios aprendizajes de la lectura y escritura, una percepción jerárquica de la realidad, de arriba-abajo, con un sentido impositivo y único punto de referencia.
Pero, ¿qué papel puede jugar el libro en la sociedad del conocimiento y en un contexto digital? Ya no cabe hablar de expansión lineal del conocimiento, de una externalidad, sino que le corresponde contribuir a una tarea muy peculiar del ser humano como es «elaborar» una intimidad, unos «adentros», una conciencia y un sentido ético, por la mediación de la narración de «una historia» singular que nos configura como quienes somos en la actualidad.
Este objetivo ya no se puede lograr con meros estímulos externos, o ciertas campañas de lectura, etc. La necesidad de la lectura y del libro hoy ha de surgir de la propia iniciativa del sujeto, de su propia libertad interior. Y esto se da en condiciones de igualdad y pluralidad de sentidos y significados, con múltiples puntos de referencia. Ya no hay un único texto sino múltiples textos. La lectura ha de ser el cumplimiento de un proyecto de libertad social y solidaria, un compromiso personal. José Jiménez Lozano insiste en una de sus obras cómo no se puede imponer desde afuera la tarea de leer. Dice:
[...] el que no lee es que no tiene necesidad de ello. Le basta con la vida de los sentidos y las satisfacciones de su psicología, le basta con el mundo que se ve y se toca, su plana realidad, y le basta con su vida, está satisfecho de ella. No tiene necesidad de otras vidas, de ninguna aventura interior, de llenar su alma con el pensamiento y la sensibilidad de los siglos, de ajustar su razón para el conocimiento, de saber cómo se es hombre. Ese alguien está tan tranquilo y feliz sin todo eso, y éste es el primer momento de la historia humana en que las gentes, a comenzar por los jovencitos, se sienten felices de ser a-ilustrados. Y ni por asomo pueden sospechar lo que es un libro —cuando es un libro, claro está— para la vida humana. Y a ese señor ¿qué puede decírsele para que lea, y para qué va a leer, o qué es lo que puede leer? Ésa es la cuestión. Si alguien no se percata de que las vivencias más profundas de su vivir y el ejercicio de su razón depende de los libros, nunca podrá tener de éstos una idea seria; sólo tendrá una idea instrumental o de adorno, entretenimiento o distinción social. [...]
Las nuevas generaciones no parecen entender, con la generalidad con que esto se entendió en el pasado, que un libro o un cuadro tienen que ver con la vida y con el yo de un modo sustancial, que puede trastornarlos y, desde luego, ofrecerles un profundo disfrute.
[José Jiménez Lozano, Una estancia holandesa. Conversación, Barcelona, Anthropos, 1998, pp. 102-103.]
Me gustaría plantearles algunas cuestiones que les sirvieran de inquietud meditativa.
– ¿Cómo es que hoy la lectura y el libro pueden modificar nuestra vida; abrir nuevos horizontes vitales de manera eficaz?
– ¿Por qué hoy es importante leer, más allá de la valoración social de esta tarea tan personal?
– ¿En qué sentido la lectura hoy tendría como función propia la creación de una conciencia, de una ética e intimidad singular?
– ¿En virtud de qué, en la actualidad, la sociedad declina todo compromiso con la lectura y su significación y nos exige simultáneamente la práctica de otros valores apersonales e hirientes para el Otro?
De este modo, podemos descubrir diversos tipos de lectores de acuerdo a su sensibilidad y experiencia. Lo importante es que todo ser humano pueda ser lector.
1. El lector del cosmos en tanto documento de conocimiento radical de la estructura de la realidad material. Y así puede dialogar acerca de la estructura dinámica de la materia y sus diferentes estados energéticos. Surgen, de esta manera, los conocimientos y saberes populares que van desde la observación de las estrellas hasta la estructura interna del átomo.
2. Otro tipo de lector es aquel que toma la sociedad y sus culturas, en su estructura dinámica e histórica, como documento de conocimiento y experiencia y descubre en ellas su historicidad, invenciones, habilidades, urbanización y organización social del territorio y sus expresiones concretas de cultura y estética.
3. Y, por último, el libro como mediación textual, capaz de narrar una historia configuradora del psiquismo humano.
Se entiende, entonces, que la lectura es otra cosa. No se trata de un ejercicio instrumental o funcional, sino que la lectura es un profundo ejercicio de silencio interior. Leer supone, en primer lugar callar; apaciguar la loca de la casa, la imaginación, como diría santa Teresa y, situarse en un ámbito del recogimiento. Leer es, ante todo, estar en silencio interior; más allá de todo ruido físico o mental. Es una experiencia que merece la pena hacerse, como escuchar música o contemplar un cuadro o ver una película que nos implica.
La lectura nos puede relacionar con nuestras conexiones cósmicas a través de nuestro soma. Y sentir cómo ellas habitan nuestra intimidad personal. En este sentido el ejercicio innovador y cultural de la lectura es la clave de la vinculación con una realidad dinámica y evolutiva que fluye intensamente como magia del cosmos, en nosotros como interioridad.
«Lectura y silencio» revelan la intimidad que se nos oculta en el cuerpo. De alguna manera, bajo este aspecto, «leer es cambiar de estado», como en el acto y la experiencia de la escritura personal.
Todo esto nos lleva a pensar la interioridad, la conciencia crítica y alternativa, como un Aleph borgiano, un espacio donde se juntan todos los puntos: un ámbito de referencia, significación y valor del que nace la propia visión del entorno y del Otro.
El libro del futuro se nos presenta como narración y configuración de conciencias.
Entendemos su definición en tanto aquel texto que nos cuenta una historia y al hacerlo construye una intimidad original, singular y crítica. El libro del futuro únicamente va a servir para mirarnos hacia dentro, para reflexionar y adueñarnos interiormente, materializando en nosotros la figura de la Otredad, como diálogo y conversación plural.
En este sentido todo ser humano, por el mismo hecho de serlo, tiene capacidad lectora, esto es, poder de percepción, representación y sentimiento de un entorno. Pero esta facultad no la puede ejercer con cualquier documento. Ha de conocer la técnica propia del mismo y el lenguaje de su expresión. En este sentido, leer es meditar la propia intimidad, cambiar de estado.
La capacidad lectora, pues, es intrínseca a la estructura del ser humano. Y puede cultivarla por medio de la observación detenida y meditativa del cosmos, esto es, pensar, vivir y sentir los mensajes silenciosos de la naturaleza, sus flujos evolutivos y huellas significativas paleontológicas; así como, la misma realidad biológica en su creciente dinamismo diferenciador. Por último, el documento de la sociedad y sus culturas y el libro como mediación de historias y saberes.
2. CARACTERÍSTICAS DE LA ACTUAL MUNDIALIZACIÓN
Y SUS CONSECUENCIAS PRÁCTICAS
Del contexto sociocultural únicamente señalamos dos hechos: la mundialización neoliberal como fenómeno negativo y la interacción intercultural, acontecer posiblemente positivo por su exigencia de alteridad innovadora.
Son cuatro los aspectos de la mutación mundialista referidos a la sociedad contemporánea. Lo que importa ahora es entender que dichas mutaciones afectan a la globalidad de nuestra cultura y medios de vida actual, a la estructura económica, política, estratégica e ideológica. Y todo ello se puede resumir en dos puntos esenciales.
La mundialización es una transformación global, coherente y acelerada del mundo contemporáneo, que comenzó en los años ochenta. Es esencial desentrañar su lógica, delimitar las implicaciones en todos los campos de la vida económica, social, política y cultural, poner coto por fin a sus efectos más perniciosos antes de que sean irreversibles. [...]
Esta transformación acaba de alcanzar un punto crítico, especialmente peligroso. La economía internacional está al borde de una depresión de larga duración sin precedentes en la historia del capitalismo. Sin jugar a adivinos, son previsibles consecuencias calamitosas, a corto y medio plazo. Además, el mundo está al borde de la guerra. Desarmada ante la ola de peligros, la nación más poderosa se ha lanzado a una huida hacia delante, cuyo fin nadie podría prever, pero todos presentimos que servirá para alimentar nuevos polvorines y que ella hará que exploten. Aparte de que esta aventura tendrá como efecto seguro hacer más profundas las desigualdades económicas. [...]
La lógica de la mundialización requiere mentiras y falsedades cada vez más burdas, ya se trate de balances de empresas, de la justificación de las acciones de guerra o de cualquier cuestión de menor importancia. Será, pues, necesario llegar a un punto de ruptura.
[Guy Bois, Una nueva servidumbre. Ensayo sobre la mundialización, Universidad de Granada y Universidad de Valencia, 2004, pp. 153, 154, 157.]
Este planteamiento no puede ser otra cosa que una invitación a investigar y reflexionar, ante todo, que nos impida aceptar resignados la situación. Lo cierto es que nos encontramos en una singular debacle histórica semejante «a la terrible crisis de la sociedad europea entre 1115 y 1460 que habitualmente se conoce este periodo como Guerra de los Cien Años. Es verdad que la historia no se repite, pero sí explica la repentina aceleración de la historia» y la coherencia y globalidad de las «transformaciones» anunciadas. Es preciso, pues, delimitar la naturaleza del fenómeno contemporáneo y concretar su contenido metamórfico.
Se trata, en primer lugar, de un «fenómeno central» en el campo social y político. De esta manera, los efectos de la «mundialización» se perciben en los ámbitos de la realidad más diversa. Éstos han penetrado en la conciencia de las gentes y alimentan sus inquietudes y angustias. En esta situación únicamente una denuncia fuerte será capaz de responder «al principal desafío del mundo contemporáneo», la debilitación e incluso la práctica desaparición de los valores democráticos.
En segundo lugar, una «confusión» indiscutible acompaña al concepto de «mundialización». Evidentemente ésta presenta múltiples aspectos y en consecuencia, existen diversas visiones del fenómeno:
— «La faceta técnico-espacial»: en que se destaca, sobre todo, la evolución «de las técnicas de información y comunicación». En las que aparecen las ventajas e inconvenientes de una sociedad real.
— «La faceta temporal»: en que se señala la súbita aceleración de la historia.
— «La faceta economicista», que no es la más importante, como suele decirse. Pero sí se establece la rentabilidad financiera como lema y principio regulador de la acción social; a través de la cual se intenta imponer «un nuevo orden (o desorden) económico mundial» que se instaura con el apoyo de otros conceptos y realidades.
— «La fase antropológica». No se trataría tanto de resaltar el proceso de hominización, sino el entramado histórico y analizar dicho fenómeno con las herramientas de investigación del historiador: los conceptos de «estructura» y de «proceso». Éstos «ordenan en cierta medida... los movimientos de las sociedades, es decir, la manera cómo se transforman. Arraigan en unas estructuras que les confieren una lógica determinada y, al final, modifican más o menos profundamente estas estructuras matrices».
Podemos decir, entonces, que en algún sentido la «mundialización»anuncia una «sociedad nueva» que se muestra en unos caracteres diferentes. Lo importante es que, al fin, podamos enfrentar la verdadera cuestión.
Con todo, la «mundialización» se concreta en cuatro mutaciones fundamentales que afectan al contenido económico, estratégico, político e ideológico.
A) En el ámbito económico se configuran unas estructuras y una lógica nueva.
De lo que se trata a partir de los años ochenta es el saber cómo se financia la economía internacional. Lo que ha supuesto «un cambio estructural del capitalismo» quien subordina toda la actividad social y económica «a la esfera financiera». En la práctica desaparece «el capitalismo empresarial». Por lo cual estas estructuras diferentes implican una lógica nueva.
Lo cierto es que «la dimensión económica de la mundialización, surgida por un agotamiento del centro del capitalismo mundial, ha tenido como principal efecto un considerable reforzamiento del dominio de este centro sobre sus periferias, próximas o más lejanas, a costa de una desestabilización profunda de éstas».
B) La dimensión estratégica: un mundo unipolar bajo el control de una única potencia, los EE.UU.
Aquí hemos de señalar con énfasis que la mundialización no es un fenómeno exclusivamente económico, sino también político. Ambos aspectos son indisociables: «son dos procesos, es decir, dos movimientos autosuficientes, a la vez distintos y complementarios». Pero, lo que en el fondo existe radicalmente es un propósito de «domesticación» de las mentalidades y conciencias en marcha y muy eficaz.
Pero para comprender la naturaleza y el coste político e ideológico de este proceso de domesticación por el imperium americano, es necesario volver a los últimos diez años que fueron el momento decisivo de su establecimiento. Todo ocurrió en las tres crisis internacionales violentas (Iraq, Los Balcanes, guerra «contra el terrorismo»), cuya finalidad cada vez está más claro que era, no tanto acabar con un adversario supuestamente peligroso, como arrastrar, de grado o por la fuerza, a los Estados «aliados» o dependientes, a unas expediciones de castigo y reunir así al rebaño detrás de su guía. El guión, idéntico en los tres casos, consta de cuatro actos: 1) Una desinformación masiva que tiene como objetivo demonizar al adversario (Iraq «cuarta potencia militar», que constituye una amenaza para la paz mundial; Milosevic, un nuevo Hitler; y, ahora, el eje del Mal). 2) El debilitamiento del adversario por medio de bloques económicos impuestos por la «comunidad internacional».
3) Bombardeos masivos destinados a llevar al país que está en el punto de mira a la «edad de piedra» y disuadirlo de ninguna rebelión posterior. 4) La corrupción final con dólares contantes y sonantes, para comprar las conciencias y establecer un nuevo orden local que marque la inserción de la Tierra Prometida del espacio mundializado. Iraq, que ha conseguido evitar este cuarto acto, es en la actualidad, tomemos nota de ello, la víctima a todas luces señalada de la próxima expedición de castigo [ibíd., p. 42].
Por otra parte, hemos de señalar que «nunca, la manipulación de la opinión pública, a escala internacional, había sido conducida de manera tan sistemática». Y así podemos ver el carácter «totalitario» de la «mundialización» liberal. Este sentido y propuesta impositiva de vía única, quizás constituya el «núcleo» del cambio llamado «mundialización». Y esta situación sólo sería responsable por la apelación a una sociedad multipolar.
C) La dimensión política del fenómeno: la des-materialización de la democracia.
Cuando se aborda este tema lo que primero nos presenta es una profunda paradoja, esto es, las teorías de la mundialización defienden la democracia como un objetivo central y, al mismo tiempo, llevan a cabo en sus cumbres multitud de acciones violentas en terceros países. Con lo cual, lo que en la práctica existe es un constante deterioro de los valores e intereses democráticos. Ahora bien, esto no se lleva a cabo mediante un ataque frontal, «sino por un lento proceso... de des-sustancialización» totalmente prevista desde posiciones ideológicas previas. Y en consecuencia, se da «una renuncia general a la plena condición de ciudadanos» en virtud de una actitud conformista y nula capacidad crítica. Los medios observan este fenómeno bajo la rúbrica de «crisis de lo político».
Todo este proceso se puede resumir en la configuración de cuatro «factores inmediatos de degradación de la vida democrática».
— El papel primordial del dinero en el espacio político, en cuyo ámbito triunfan los oligarcas y autócratas.
— Hay un sentir muy compartido de que la política ha perdido su poder de decisión, en gran parte. No tiene el control de las cuestiones más fundamentales para los ciudadanos.
— Hoy los políticos carecen de alternativas que proponer a los electores.
— Por último, en estas circunstancias, los medios de comunicación han adquirido una enorme importancia en el espacio político. Pero quizás po

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