EN BUSCA DEL FUEGO

de roser amills bibiloni

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Hacerse una serie de autorretratos. ¿Para que? ¿Qué hay de diferente en nuestro rostro de un día a otro, de un mes a otro mes? Qué hay de distinto, para que pueda ser mirado. Quizás la mirada más compleja, la mirada que muy pocos podemos proponemos como tarea sea la de indagar el lento cambio de nuestro rostro. Su aparición y desmoronamiento. Un rostro es un paisaje. Y, al igual que la naturaleza, va asumiendo nuevos pliegues, nuevas manifestaciones. Nuestro rostro cambia como varía la tierra, imperceptiblemente. Nuestro rostro es otra geografía: invisible. De allí que la insistencia en el autorretrato sea el oficio de aquellos trabajadores del mirar, de los topógrafos, de lo orógrafos del tiempo. Recordémoslo: ese rostro que vemos igual cada día no es el rostro de ayer, ni mucho menos el rostro de mañana. Repitámoslo: más allá del ver está el mirar‑, más allá del espejo está el tiempo

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Mi ciudad natal es Algaida, en Mallorca, alias "sa roqueta", Islas Baleares, pero vivo en Barcelona desde 1992 (¡casi nada!)
Libros publicados que me encantaría que leas algún día (que para eso los publiqué, jejeje)
Uno solo, por favor (poesía, Calambur)
Lais per amants distingits (poesía, Abadia Editors)
Nos casamos (Ensayo, Maeva)
Mejan (Biografía, El Tren del Arte, Anuart Ediciones)
La ciencia de la serenidad (Ensayo, Ámbar, Océano Editorial)
Guía de teleservicios de Barcelona (El País Aguilar)
Guías de experiencias para "La vida es bella" (La Vida es Bella - FNAC)

por cierto...

Nada es del todo poesía ni prosa ni ficción ni no ficción. Es lo que es, lo que hay y lo que podría haber. Y no. En definitiva: la fiesta está en tu interpretación.

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algunos sabios griegos, preocupados por el estudio de los elementos, al preguntarse qué nos movía, el alma-motor, especulaban si se trataba de un fuego o del éter, mientras otros afirman hoy que lo que guía la acción humana es la información...

Domingo, 29 de enero de 2006

Poesía y guerra, Tahar Ben Jelloun

Conocí a Ben Jelloun con historieta personal incluida: el padre de Marcel es traductor, y un pequeño pero avizado editor -Deriva Editorial- le confió la traducción de "El levantamiento de las cenizas" porque estaba montando una colección deliciosa -Poesía del siglo XX, la llamó-, de poesía escrita por autores de prosa, y Tahar fue el primero en responder a su solicitud de derechos de traducción -además, creo que se los cedió desinteresadamente, aunque no estoy segura de ello- y bueno, se puso en marcha la traducción. Por entonces yo trabajaba desde casa, pues Marcel tenía apenas un año y medio (1997).

Como yo me dedicaba a hacer muchísimas cosas al mismo tiempo -entre otras, estaba dándole vueltas a lo de "Uno solo, por favor" y trabajaba como correctora de páginas maquetada en la redacción de Woman- me presté voluntaria desinteresada para maquetar una revista de poesía, el número uno de Aula de Poesía de Barcelona. Fue toda una aventura, pues yo sabía un poquito de quark, lo justito, pero como les dije que lo haría, pues aprendí. Todavía a día de hoy no ha salido el número dos, ¡supongo que no volvieron a atreverse!

Bueno, a lo que iba: estaba Tahar por un lado, la revista por el otro... y cuando estábamos cerrando el número faltaban textos, así que escribí este sobre "Poesía y guerra" que aquí recupero tal cual. Diría lo típico de "era joven" o "cambiaría muchas cosas" pero no, ya lo sabéis y además, qué importa: quiero únicamente dejar constancioa de lo que escribí sobre un libro y un autor que me gustó. ¡Sed benévolos, si podéis!

Poesía y guerra
Con el poemario “El levantamiento de las cenizas”, escrito apenas unos días después de los bombardeos, Tahar Ben Jelloun aporta a millares de víctimas de la Guerra del Golfo la posibilidad de ser nombradas y liberadas de su silencio mediante la poesía, un registro del lenguaje capaz de –cito palabras del escritor– “designar la herida, volver a dar un nombre al rostro destruido por el fuego, decir, hacer y deshacer las orillas del silencio”. Tiene mérito. Ganador del Premio Goncourt en 1987 y el Premio Magreb en 1994, Tahar Ben Jelloun (Fez 1944) es en la actualidad uno de los más aclamados novelistas en lengua francesa. Ensayista, crítico literario y poeta, colabora con regularidad en diversas publicaciones internacionales, entre las que destaca “Le Monde”.
Fuera de Marruecos se le conoce más por sus novelas, aunque sus primeros escritos fueron los poemas “L’Aube des dalles” y “Homme sous linceul de silence” (Casablanca, 1971). A pesar de los éxitos novelísticos, su inicial e intensa vocación poética se ha ido manteniendo con títulos como “Cicatrices du soleil” (1972) y “Le Discours du chameau” (1976), “Les amandiers sont morts de leurs blessures” (1976) , “A l’insu du souvenir” (1980) y, finalmente, el poemario que aquí tratamos, “La Remontée des cendres” (1991).
De formación filosófica, es significativo añadir –sobre todo para los puntos que aquí vamos a comentar sobre su forma de escribir– que Jelloun presentó su Doctorado de 3è cycle en psiquiatría social.

Reconstrucción de los hechos
Cuando en agosto de 1990 el Presidente del Gobierno francés François Mitterrand habló, aludiendo al conflicto bélico que se estaba iniciando en Irak, de una “lógica de guerra”, pocos de nosotros sospechamos siquiera las consecuencias de semejante imposición lógica de Occidente.
La “Tempestad del desierto” –así se llamó a la operación que acabaría brutal y anónimamente con las vidas de miles de civiles y militares iraquíes-- asoló en sus tres cuartas partes las tierras de Irak. Tras los fastos del combate quedaron una interesada justificación diplomática para casi todos los argumentos pacifistas, toneladas de bombas, la persistente y efectista sombra de los incendios petrolíferos en los medios de comunicación y, lo peor y más olvidado de todo, millares de víctimas calcinadas que ningún problema político-económico puede justificar.
Tras estos hechos, Ben Jelloun viajó a Irak, recopiló los datos de muchos de los desaparecidos y trabajó sobre ese material para proveer de palabras y un simbólico consuelo a los que habían agonizado sin siquiera una oración.

La poesía analítica como denuncia
Nombrar, compartir la vivencia del dolor… “El poeta es aquel que arriesga las palabras”, declara Ben Jelloun –...y nos viene a la mente aquello de “la poesía es un arma cargada de futuro” de Celaya...–. En el carácter de Ben Jelloun existe una esencial necesidad de decir, denunciar a los cuatro vientos las imágenes de sufrimiento de su pueblo derrotado. Él ha aceptado su papel de portavoz y asila en sus páginas los brazos mutilados por “otra guerra cualquiera”, como dice en uno de sus poemas, pero también esta guerra en concreto.
“La Remontée des cendres” es, por tanto, un libro con un gran peso político, aunque Jelloun no pretenda defender de forma explícita ninguna causa política –su posicionamiento está, por supuesto, muy claro—. “No, no miréis hacia otro lado” grita el escritor insurrecto, escandalizado por el silencio capitalista.

Salvar/soltar las muertes con palabras
La realidad de Irak se hizo en los años 90 inverosímil debido a la crudeza e hipocresía que demostraba Occidente durante la gestación del conflicto.
A fin de comprender los sucesos de aquellos escasos días de batalla, Jelloun optó por el lenguaje poético: no hay por qué explicarlo todo ni debe ofrecer un desenlace; no en vano los poemas se hallan más cerca de la oración que cualquier otro género literario.

“Quizá, al fin, aparezca la verdad.
Este cuerpo desvestido por las moscas
tiene la mano tendida hacia el mar.
El índice señala una barca de pescadores
en la orilla del silencio.
Un sol se alza para nombrarlo:
Khodr Saïd Mohammed.”


A nivel analítico, podemos apuntar impertinencias académicas como que no existe un desarrollo cronológico ni una marcada jerarquía temática. Porque en realidad lo que el lector debe saber es que Ben Jelloun sólo contempla las dunas que ha dejado la barbarie para sacar de ellas las palabras, las víctimas, las mentiras de la guerra. Pero si vamos más allá, vemos que nos hallamos frente a un triste recuento de pérdidas, y ésa es la realidad que hay que valorar para entender la relación que este escritor establece en su libro entre poesía y guerra: “Hay que ver qué hemos perdido –un niño, una mujer, mil niños, mil mujeres…-“ exclama el poeta mientras busca sentir con dignidad un dolor tan inabarcable como inhumano, la angustia de la pérdida total. Si perdemos hasta a nuestros muertos, ¿qué nos queda?

Homenaje póstumo a los muertos anónimos
En esta “fosa de nadie” en que quedó convertido el desierto de Irak, los individuos son aislados por el escritor en compartimentos léxicos, recogidos en bolsas de palabras, en un intento de devolverles la identidad, el milagro de la presencia...
Esta “acción” poética no hace, no produce nada concreto, pero es valiosa porque levanta un monumento, un homenaje póstumo que trasciende la guerra. No hay en Ben Jelloun un afán únicamente erudito, creativo o innovador. Su mensaje consiste en que el desorden, el caótico recorrido de los poemas que se levantan por encima de los discursos políticos, los planteamientos individuales que se levantan por encima de la globalización, merecen la pena.
Sin embargo la realidad, el estado de la cuestión, es que este libro ha tardado ocho años en traducirse al castellano, apenas ha tenido difusión... Mientras los crudos poemas de Ben Jelloun resuenan (al abrigo de la atención de unos cuantos dispuestos a escuchar), las silenciosas arenas de Irak recubren –con suma eficacia– las desvergüenzas de la guerra. Y entonces nos damos cuenta de que hemos necesitado leer un libro como el de Ben Jelloun para sabernos prisioneros dentro de nuestra supuesta libertad occidental.

Por: roser amills | Mis obritas | Comentarios (0) | Referencias (0)

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