EN BUSCA DEL FUEGO

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Hacerse una serie de autorretratos. ¿Para que? ¿Qué hay de diferente en nuestro rostro de un día a otro, de un mes a otro mes? Qué hay de distinto, para que pueda ser mirado. Quizás la mirada más compleja, la mirada que muy pocos podemos proponemos como tarea sea la de indagar el lento cambio de nuestro rostro. Su aparición y desmoronamiento. Un rostro es un paisaje. Y, al igual que la naturaleza, va asumiendo nuevos pliegues, nuevas manifestaciones. Nuestro rostro cambia como varía la tierra, imperceptiblemente. Nuestro rostro es otra geografía: invisible. De allí que la insistencia en el autorretrato sea el oficio de aquellos trabajadores del mirar, de los topógrafos, de lo orógrafos del tiempo. Recordémoslo: ese rostro que vemos igual cada día no es el rostro de ayer, ni mucho menos el rostro de mañana. Repitámoslo: más allá del ver está el mirar‑, más allá del espejo está el tiempo

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algunos sabios griegos, preocupados por el estudio de los elementos, al preguntarse qué nos movía, el alma-motor, especulaban si se trataba de un fuego o del éter, mientras otros afirman hoy que lo que guía la acción humana es la información...

Domingo, 29 de enero de 2006

Teoría de la recepción: rescatemos a Arthur Nisin del aparente e inmerecido olvido

Como estudié filología durante una larga temporada adquirí numerosos tics filológicos, como investigar teorías relacionadas / relacionables, lo que han escrito unos y otros, los tejemanejes literarios etc. Ahora leo más que analizo, que es mejor, pero me sigue haciendo gracia lo de la teoría de la recepción. Me dio de lleno eso de saber por qué un texto es literario, cómo y por qué y todas esas cosas que, como a los apasionados de los crucigramas o a los matemáticos, ayudan a ejercitar la mente y entretienen que no veas. Uno de esos temas, que me apasionó, es Arthur Nisin, (1918-1961) un teórico de los discretos, de los que no recibieron ni laureles ni nada, y al que un buen día se me ocurrió rescatar recopilando datos sobre quién era, qué hizo... todo para defender la trascendencia de sus estudios, que a mi juicio ha sido ninfuneada. Así, escribí este textito que aquí os muestro, titulándolo con un melancólico NISIN, UN REPRESENTANTE (CASI) OLVIDADO DE LA ESTÉTICA DE LA RECEPCIÓN.
Ahí va, por Nisin.

Las siguientes líneas pretenden rescatar la merecida porción de protagonismo que corresponde al filósofo y romanista Arthur Nisin para que estas páginas de merecida atención ayuden a corregir un exclusivismo tan oscurecedor como innoble. Tras repasar la cantidad nada despreciable de bibliografía que sobre la Rezeptionsästhetik (Estética de la recepción) se ha publicado hasta a día de hoy en España, Francia y Alemania –a la otra no he tenido aún acceso, todo se andará-, diríase que la crítica del lector se ha producido en suelo alemán, como una flora autóctona. Alguien o muchos han tenido el “detalle” de borrar cualquier referencia a “otros” pensadores y toda información bibliográfica ajena a la del cerrado grupo de “los elegidos” ha sido relegada a un indebido -y quizá no menos interesado- olvido.
La versión oficial
La recepción como concepto metodológico apareció después de 1950 en tres ámbitos muy concretos: la jurisprudencia, la teología y la filosofía. Se dice que los inicios de la construcción oficial de la teoría de la recepción literaria se deben a las aportaciones de Hans Blumenberg y Hans Georg Gadamer, aunque también se apunta a ciertas afinidades con el estructuralismo histórico de la Escuela de Praga (Mukarovsky y Vodicka).
Sin embargo, el tercer Hans, Hans Robert Jauss, sería el que finalmente lograría hacerse con la habichuela mágica del reconocimiento: con él y “su” revolución se habló incluso de un cambio de paradigma en las ciencias de la literatura.
En busca de las fuentes perdidas
La Estética de la recepción y la Crítica del lector podrían (y deberían) explicarse correctamente por sí mismas y a través de sus respectivos promotores, a no ser por un monopolio expositivo que precisa ser desvelado: la versión que se ofrece de la “creación” y formalización de la Estética de la recepción puede ofrecernos una idea injusta sobre los cimientos de tan caprichoso monumento a las inquietudes literarias del hombre del siglo XX.
El primer punto al que hay que prestar una especial atención es el hecho de que hoy en día un lector no advertido podría creer, a causa de presentaciones tan apasionadas como la que sigue, que Jauss es “el jefe” y la Universidad de Constanza el hogar único de esta peculiar y enriquecedora (aunque también en ciertos aspectos imperfecta) forma de observar la obra literaria:
«Als anys seixanta es va pensar una nova història de la literatura, i la novetat va consistir en un tomb sorprenent de la mirada per no mirar des de la producció sinó des de la recepció. Va ser un repte basat en una experiència investigadora pròpia i del grup que s’havia constituït el 1963».
De tan ambiguos cimientos como los en el presente artículo presentados han emergido numerosos seguidores que extienden con encomiable eficacia “La Teoría” por todos los países y literaturas, sin reparar en exceso en el detalle de si Jauss es o no el “inventor-artífice” que dice ser.
La relación lector-obra
Todorov señaló que el lector de la narración fantástica debe quedarse sin saber bien si lo que ha leído ha pasado de verdad o era un mero espejismo en la mente del narrador-protagonista. Así nos quedamos nosotros cuando descubrimos, durante y tras la lectura de la bibliografía teórica, la injusticia que se perpetró contra un pacífico y aparentemente demasiado discreto “professeur” nacido en la Bélgica de principios de siglo.
Nos referimos a Arthur Nisin (1918-1961), que a lo largo de su breve vida viajó, compuso poemas y dictó ponencias especializadas en institutos superiores; de uno de aquellos cursos surgiría precisamente el primer libro que aquí nos interesa reseñar: La littérature et le lecteur (La literatura y el lector), que incluye un cuidado prólogo de Pierre de Boisdeffre en el que se recalca que Nisin refuerza los planteamientos de la estética literaria inaugurados por Gaëtan Picon en "El escritor y su sombra".
Veamos, a modo de ejemplo, un fragmento más que significativo que revela por sí mismo la filiación entre lo que expuso Nisin en su momento y lo que Jauss posteriormente promulgó:
«Es necesario reconstruir la historia de las obras; no sólo la referente a sus orígenes, sino la de su destino a través de todos los públicos sucesivos y bajo la luz de las diferentes épocas. Sin duda, tanto como sobre las obras, esa historia nos ilustraría sobre sus públicos y sería provechoso comparar las aventuras de nuestra alma en medio de las obras maestras con las aventuras de esas obras maestras en medio de nuestras almas».
Lo cierto es que Nisin no pasó inadvertido en Francia: el propio Boisdeffre le dedicó más tarde unas páginas en su enciclopédica Histoire de la littérature de langue française (vol. 1930-1980):
«Arthur Nisin inscrivait cette approche de l’oeuvre dans une perspective historique, conciliant ainsi le point de vue de Sainte-Beuve et celui de la “critique de situacion” à la Sartre. (…) Dans ce grand livre qu’est La littérature et le lecteur (1959) il étudiait la relation qui s’établit entre l’ouvrage et son lecteur -relation qui n’est ni mécanique ni passive, mais au contraire active et vivante- apportant ainsi une pierre angulaire à cette “Esthétique de la littérature” dont Gaëtan Picon posait au même moment les fondations».
He aquí el elemento capital que se debe destacar: este primer libro de Nisin -en el que se tratan los elementos fundamentadores de la Estética de la recepción- fue publicado ocho años antes del esplendoroso manifiesto “fundacional” que diera lugar a la Escuela de Constanza (1967); no obstante, el reconocimiento que posteriormente se le ha dedicado se asemeja en exceso a un caso de ciencia-ficción: ¿existió realmente Nisin?
Gaëtan Picon y Arthur Nisin
Y para terminar de poner de manifiesto lo incomprensible de este fundamental olvido de Jauss -que nunca le citó- en 1960 Nisin publicó otro volumen, también en París, titulado Les oeuvres et les siècles, donde repite muchas de sus ideas, pero añade matices que las completan aún más. La estética de la recepción era ya un hecho. Sin embargo, Hans Robert Jauss, investido de sumo profeta e inspirador, presentó el manifiesto fundacional de su Escuela en 1967. A fin de cuentas, por aquel entonces Nisin ya llevaba seis años criando malvas y poco podía protestar ante esta “toma de posesión” de una teoría que se ofrecía, paradójicamente, a la teoría literaria como una posible solución frente al egoísmo del autor sobre su obra.
No se sabe muy bien con qué derecho Jauss retiene bajo su nombre el desarrollo de una serie de ideas que muchos otros -como por ejemplo el malogrado Arthur Nisin- barajaban, pero que sólo él tuvo la osadía de declarar propias, y encima sin citar a muchos de los que antes habían movido trabajosamente los ladrillos de las ideas; sin embargo, lo que sí sabemos a ciencia cierta es que Jauss reconoce la presencia entre sus lecturas de Gaëtan Picon (al que antes hemos relacionado directamente con Nisin): Jauss cita una frase de Picon en su primera y supuestamente revolucionaria tesis. Respecto a Nisin, no obstante, calla.
La individualidad del teórico como pecado capital
Es sabido que Borges apreciaba con especial convicción la idea de que el ser de todas las cosas reside en la percepción que de ellas se tenga. Tras aceptar esta referencia borgiana, no nos queda otra opción que afilar el lápiz para desvelar el embuste por omisión que ha propiciado una selectiva difusión de los datos referentes a la gestación de la Teoría de la recepción: sí, atrevámonos a cambiar ligeramente las perspectivas sedimentadas del corpus crítico actual, porque no se trata sólo de una serie de datos más que considerar a la hora de establecer un juicio, sino de cierto punto de vista general: Jauss no fue el primero, ni el único, ni el inventor. Dese el lector por avisado.
BIBLIOGRAFÍA SOBRE EL TEMA
Sobre crítica y críticos, Juan Luis Alborg, p. 48
En 1958 Hans Blumenberg utilizó el concepto de recepción en la historia de la filosofía y de la ciencia en “Epochenschwelle und Rezeption”, Philosophische Rundschau, 8, 1958, pp. 99-120.
En Wahrheit und Methode (1960) Hans Georg Gadamer introdujo el concepto de historia del efecto sobre la base de una fenomenología heideggeriana y husserliana. Verdad y método. Fundamentos de una hermenéutica filosófica, Ediciones Sígueme, Salamanca 1977.
Ver Hans Robert Jauss, “La teoría de la recepció. Notes a uns antecedents poc estudiats”, en Teoria de la recepció literària. Dos articles, Barcelona, Barcanova, 1991.
Victòria Cirlot, “L’Estètica de la recepció”, en Teoria de la literatura, ed. Columna, Barcelona 1996.
Arthur Nisin, La littérature et le lecteur, Gallimard, París 1959.
Gaëtan Picon fue contemporáneo de Nisin (Burdeos 1915, París 1976).
Autor, entre otros títulos, de: André Malraux par lui-même (1945), Bernanos (1948), Panorama de la nouvelle littérature française (1950)[su obra más conocida], Introduction à une esthétique de la littérature (1955), Balzac (1956), Lecture de Proust (1963), Un champ de solitude (1968).
Arthur Nisin, La littérature et le lecteur, Gallimard, París 1959, p. 42.
Pierre de Boisdeffre, Histoire de la littérature de langue française (1930-1980), Plon, París 1985.
Resulta muy interesante destacar que precisamente Sainte-Beuve protestaba contra la idea de los grandes y proponía rescatar a los autores secundarios de su obligado e injusto anonimato.
Idem. “Quelques philosophes de la critique”, p. 558.
Literaturgeschichte als Provokation (Historia de la literatura como provocación), Frankfurt am Main, Suhrkamp, 1970. Trad. En castellano: La literatura como provocación, Barcelona, Península, 1976.
Hans Robert Jauss, Pour une esthétique de la réception, París, 1978.
Hans Robert Jauss, Toward an Aesthetic of Reception, Minneapolis, 1982.

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