EN BUSCA DEL FUEGO

de roser amills bibiloni

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Hacerse una serie de autorretratos. ¿Para que? ¿Qué hay de diferente en nuestro rostro de un día a otro, de un mes a otro mes? Qué hay de distinto, para que pueda ser mirado. Quizás la mirada más compleja, la mirada que muy pocos podemos proponemos como tarea sea la de indagar el lento cambio de nuestro rostro. Su aparición y desmoronamiento. Un rostro es un paisaje. Y, al igual que la naturaleza, va asumiendo nuevos pliegues, nuevas manifestaciones. Nuestro rostro cambia como varía la tierra, imperceptiblemente. Nuestro rostro es otra geografía: invisible. De allí que la insistencia en el autorretrato sea el oficio de aquellos trabajadores del mirar, de los topógrafos, de lo orógrafos del tiempo. Recordémoslo: ese rostro que vemos igual cada día no es el rostro de ayer, ni mucho menos el rostro de mañana. Repitámoslo: más allá del ver está el mirar‑, más allá del espejo está el tiempo

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Mi ciudad natal es Algaida, en Mallorca, alias "sa roqueta", Islas Baleares, pero vivo en Barcelona desde 1992 (¡casi nada!)
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Nada es del todo poesía ni prosa ni ficción ni no ficción. Es lo que es, lo que hay y lo que podría haber. Y no. En definitiva: la fiesta está en tu interpretación.

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algunos sabios griegos, preocupados por el estudio de los elementos, al preguntarse qué nos movía, el alma-motor, especulaban si se trataba de un fuego o del éter, mientras otros afirman hoy que lo que guía la acción humana es la información...

Sábado, 08 de julio de 2006

Paul Delvaux

El erotismo: ¿quién no se ha sentido tocado por él? Musa inspiradora del poeta, del pintor, del amante y del loco.

El erotismo es un recurso para adentrarse en el conocimiento humano, hacer arte, estremecer prejuicios y ayudar a mostrar las complejidades de la existencia, se lo juega todo en la relación psicoanalítica es una difícil materia... y es que aunque probablemente resulte más divertido vivirlo, del erotismo se teoriza constantemente en forma de arte. Y aquí llega Delvaux...







A Paul Delvaux (Antheit, 1897-Furnes, 1994) se le suele incluir entre los pintores surrealistas, aunque él negó siempre pertenecer a este grupo.



Nadie hubiera sospechado, leyendo la biografía de este hijo y hermano de abogados, que en las fotografías de infancia aparece, escoltado por nodrizas en uniforme y sumido en caperuzas con pompones de niño mimoso, con la misma cara pasmada que tendrán más tarde las señoras desnudas que se exhiben en sus cuadros entre templos griegos, que este vástago apacible de la burguesía belga, estaba dotado de una capacidad onírica tan desmedida ni de una irreverencia tan discreta pero persistente cara a los valores y principios enfermizamente conformistas del medio en que nació. Cuando sus padres le dijeron que la señorita Anne-Marie de Martelaere (Tam), de la que se había enamorado, no le convenía, les obedeció. (Pero siguió amándola y un cuarto de siglo más tarde, al encontrarla de nuevo, se casó con ella). Y no se atrevió a entrar a la academia de pintura hasta que su familia se resignó a que fuera artista, ya que había dado pruebas inequívocas de su ineptitud para ser abogado o arquitecto.
Toda la vida de Delvaux -una vida larga, monótona y minimalista en todo lo que no fuera pintar- está marcada por este respeto exterior a las convenciones y a las formas, por un conformismo con lo establecido y la autoridad que sólo se eclipsaba cuando cogía los lápices y pinceles, acto mágico que, se diría, con prescindencia de su voluntad, lo emancipaba de familia, medio social, país, y lo entregaba atado de pies y manos a una servidumbre más insolente y creativa: la de sus obsesiones.
Mario Vargas Llosa



Las estaciones de tren, las arquitecturas clásicas, los jardines simétricos, los desnudos femeninos, bellas estatuas enigmáticas e inaccesibles, algunos personajes de las novelas de Julio Verne... son algunos de los temas recurrentes de Paul Delvaux. Todo está paralizado, inanimado, a la espera de un acontecimiento que no acaba de producirse y cada cuadro asusta y fascina al mismo tiempo, pues lo habita la poesía. En las casas se ve luz, pero se diría que ningún ser humano vive en ellas. Ninguna vida anima estas composiciones construida como escenas teatrales.



Lo deslumbraron las historias de Jules Verne que leyó de niño y medio siglo más tarde estaba todavía rememorando en sus fantasías plásticas al geólogo Otto Lidenbrock y al astrónomo Palmyrin Rosette del Viaje al centro de la tierra. Los esqueletos humanos que bailoteaban en las vitrinas del colegio de Saint-Gilles, donde cursó la primaria, no desertaron jamás de su memoria, y fueron los modelos de la bellísima serie de Crucifixiones (y de las innumerables calaveras que deambulan por sus cuadros) presentadas en la Bienal de Venecia en 1954. Ellas escandalizaron tanto, que el cardenal Roncalli (el futuro Juan XXIII) censuró la exposición.
Mario Vargas Llosa







" Quisiera pintar un cuadro fabuloso en el que vivir, en el que pudiera vivir. Cuando pinto, estoy en realidad en todo el cuadro [... ] Y cuando el cuadro está terminado, todo se hunde y se hunde doblemente: el cuadro se hunde y yo me hundo. Y a veces necesito tiempo para salir de nuevo a la superficie. [...] La intensidad con la que nos contamos a nosotros mismos nos obliga a esta participación total de todo el ser. Hay que hacer el cuadro con uno mismo."
(En Jacques Meuris, Siete diálogos con Paul Delvaux, acompañados de siete cartas imaginarias, París, Le Soleil Noir, 1971)





De 1910 a 1916 cursa estudios de lenguas clásicas y muestra ya un vivo interés por el arte. En 1920, tras obtener, no sin dificultades, el permiso paterno, se matricula en la Académie des Beaux-Arts. Pinta cuadros con temas de paisajes, vistas de ciudades y sus primeras estaciones. En 1923 participa por primera vez en una exposición colectiva, celebrada en la Galerie Giroux de Bruselas, en la que también hay obras de René Magritte. Le influyen los expresionistas flamencos, en particular Constant Permeke. En 1934 descubre el Surrealismo y a De Chirico en la exposición Minotaure, en el Palais des Beaux-Arts de Bruselas, lo que supone un hito decisivo en su carrera. Otra notable influencia es el descubrimiento, ya en 1930, en la «Foire du Midi» de Bruselas, del Musée Spitzner, gabinete de curiosidades en el que se mostraban, en maquetas de cera, malformaciones congénitas y enfermedades. A pesar de estas influencias, Delvaux desarrolla un estilo propio que jamás le copiarán. En 1937 muere su padre y se casa con Suzanne Purnal. En 1938 participa en la Exposition Internationale du Surréalisme, en la Galerie des Beaux-Arts de París. Éluard le dedica su poema Exil, en tanto que Breton lo incluye en su libro El Surrealismo y la pintura. En 1952, se divorcia y se casa con su amor de juventud, Anne-Marie de Martelaere, a la que Delvaux llama «Tam» y de la que ya no se separará hasta el día de su muerte (el 21 de diciembre de 1989).



... y las mujeres de Delvaux son al mismo tiempo eróticas e inquietantes. Como estáticas maniquíes que se insertan en ámbitos de pesadilla.



" La pintura no es únicamente el placer de darle color a un cuadro. Es también expresar un sentimiento poético. Evidentemente utilizo el color porque el color cumple una función importante en la expresión poética. Es una mezcla de poesía y de color, y es difícil separar una cosa de otra. Creo que, para mí, la pintura es la expresión de un sentimiento, de una atmósfera. (...); lo que me interesa es la expresión plástica, el redescubrimiento de la poesía en la pintura, algo que se había perdido desde hacía bastante siglos."
(Entrevista de Renilde Hammacher con Paul Delvaux, en el Catálogo de la Exposición Paul Delvaux, Rotterdam, Museum Boymans-van Beuningen, 13 de abril 17 de junio de 1973).



Por: roser amills | una imagen + | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Gran descubrimiento este pintor, pero lo más interesante es aquella primera frase sobre el erotismo: "inspiradora del poeta, del pintor, del amante y del loco". Creo que cuando la pornografía estaba mal vista y los tabues sexuales dominaban a la sociedad el erotismo como lo necesitábamos era necesario para el cuerpo y alma, hoy en día que el erotismo es un elemento más de la publicidad y que nos lo encontramos en la parada del metro muchas veces confundido con la pornografía (la pornografía nunca había sido tan erótica), es necesario buscar nuevas formas de expresar el erotismo, que continue mostrando cosas auténticas y escondidas. Delvaux es un interesante ejemplo de lo que se puede hacer.

el forastero | 10-07-2006 10:08:25

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