Estás dentro de mi cuaderno de notas totalmente improvisadas.
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Hacerse una serie de autorretratos. ¿Para que? ¿Qué hay de diferente en nuestro rostro de un día a otro, de un mes a otro mes? Qué hay de distinto, para que pueda ser mirado. Quizás la mirada más compleja, la mirada que muy pocos podemos proponemos como tarea sea la de indagar el lento cambio de nuestro rostro. Su aparición y desmoronamiento. Un rostro es un paisaje. Y, al igual que la naturaleza, va asumiendo nuevos pliegues, nuevas manifestaciones. Nuestro rostro cambia como varía la tierra, imperceptiblemente. Nuestro rostro es otra geografía: invisible. De allí que la insistencia en el autorretrato sea el oficio de aquellos trabajadores del mirar, de los topógrafos, de lo orógrafos del tiempo. Recordémoslo: ese rostro que vemos igual cada día no es el rostro de ayer, ni mucho menos el rostro de mañana. Repitámoslo: más allá del ver está el mirar‑, más allá del espejo está el tiempo
Mi ciudad natal es Algaida, en Mallorca, alias "sa roqueta", Islas Baleares, pero vivo en Barcelona desde 1992 (¡casi nada!)
Libros publicados que me encantaría que leas algún día (que para eso los publiqué, jejeje)
Uno solo, por favor (poesía, Calambur)
Lais per amants distingits (poesía, Abadia Editors)
Nos casamos (Ensayo, Maeva)
Mejan (Biografía, El Tren del Arte, Anuart Ediciones)
La ciencia de la serenidad (Ensayo, Ámbar, Océano Editorial)
Guía de teleservicios de Barcelona (El País Aguilar)
Guías de experiencias para "La vida es bella" (La Vida es Bella - FNAC)
Nada es del todo poesía ni prosa ni ficción ni no ficción. Es lo que es, lo que hay y lo que podría haber. Y no. En definitiva: la fiesta está en tu interpretación.
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algunos sabios griegos, preocupados por el estudio de los elementos, al preguntarse qué nos movía, el alma-motor, especulaban si se trataba de un fuego o del éter, mientras otros afirman hoy que lo que guía la acción humana es la información...
Martes, 12 de diciembre de 2006
R. L. Stevenson fue un escocés nacido en Edimburgo el 13 de noviembre de 1850 y que murió en Vailima Upolu, Samoa, el 3 de diciembre de 1894 (no llegó a cumplir 44 años). Pese a su mala salud y la brevedad de su vida, nos ha dejado obras maestras como La isla del tesoro y Dr. Jekyll y Mr. Hyde, auténtico icono universal. Sobresale también en su obra su vertiente ensayística y poética.
Y un buen día Stevenson lo dejó todo y se mudó a Samoa, lejos de la implacable moral victoriana y en busca de un clima más propicio a su imaginación y sus maltrechos pulmones. Hace construir una casa en las afueras, a la que bautiza como «Vailima» (cinco arroyos, en lengua nativa).
El tres de diciembre de 1894 dicta unos pasajes de Weir of Hemiston a su hijastra Belle. Por la tarde intenta dar una clase de francés al hijo de Belle, entre risas y bromas. Tras recoger una botella de vino en la bodega, ayuda a Fanny a preparar una mayonesa. Vierte con mano firme las gotas del aceite cuando de repente hace un gesto de dolor y pregunta: «¿Tengo un aspecto raro?», mientras cae de rodillas en el porche. La hemorragia cerebral le hace perder el conocimiento y muere poco después, a la edad de cuarenta y cuatro años. Al día siguiente es enterrado en la cima del monte Vea, de origen volcánico, según su deseo.
Algunos de sus mejores poemas están recogidos en el volumen Jardín de versos para niños (1885).
En 1992, La Veleta, de Granada, publica una edición del libro Poemas de R.L. Stevenson con una viñeta de Barceló.

PARA DELEITARTE
Para deleitarte haré pasadores para tu pelo y juguetes
como canciones de pájaros en la mañana, brillantes como las estrellas de la noche.
Levantaré un palacio sólo para nosotros
de días verdes como los bosques y azules como el mar.
Yo prepararé mi comida y tú arreglarás tu cuarto
donde fluye blanco el río y brillante ondea la retama
y lavarás tus enaguas y mantendrás tu cuerpo blanco
con la lluvia de la mañana y el rocío de la noche.
Y tendremos por música cuando nadie esté cerca
una hermosa canción que cantar, una hermosa canción que escuchar
que sólo yo recuerdo, que sólo admiras tú,
la del ancho camino que avanza y el fuego del sendero.
Robert Louis Stevenson, Cantos de viaje,
Madrid, Grijalbo-Mondadori, 1998, pág. 25
Y terminaremos este recordatorio con el prefacio de “La Isla del Tesoro”:
"Si los cuentos que narran los marinos / hablando de temporales y aventuras, de sus amores y su odios / de barcos, islas, perdidos Robinsones / y bucaneros y enterrados tesoros / y todas las viejas historias, contadas una vez más / de la misma forma que siempre se contaron / encantan todavía, como hicieron conmigo / a los sensatos jóvenes de hoy / ¿qué más pedir? Pero si ya no fuera así / si tan graves jóvenes hubieran perdido / la maravilla del viejo gusto / por ir con Kingston o con el valiente Ballantyne / o con Cooper y atravesar bosques y mares / bien. ¡Así sea! Pero que yo pueda / dormir el sueño eterno con todos mis piratas / junto a la tumba donde se pudran ellos y sus sueños".
Por: roser amills | Citas | Comentarios (0) | Referencias (0)