Lunes, 29 de enero de 2007
Tras arder siempre, nunca consumirme;
y tras siempre llorar, nunca acabarme;
tras tanto caminar, nunca cansarme;
y tras siempre vivir, jamás morirme;
después de tanto mal, no arrepentirme; 5
tras tanto engaño, no desengañarme;
después de tantas penas, no alegrarme;
y tras tanto dolor, nunca reírme;
en tantos laberintos, no perderme,
ni haber, tras tanto olvido, recordado, 10
¿qué fin alegre puede prometerme?
Antes muerto estaré que escarmentado:
ya no pienso tratar de defenderme,
sino de ser de veras desdichado.
[Quevedo, Las tres Musas, 41, a ]
TEMA: Resignación estoica ante la inconsistencia de la vida .
BREVE COMENTARIO
En la primera parte de este soneto se nos presenta un juego de contrastes, muy del gusto del Barroco, que conduce al lector a un caos comprensivo: en unos versos creemos hallar claras y rotundas negaciones (nunca, versos 1, 2 3, 8; jamás, v. 4 ); en otros las negaciones se transmutan en “afirmaciones reafirmadas” gracias a paradójicas oposiciones (versos 4, 7, 8, 10).
Este juego no es fruto del capricho, sino que se trata del elaborado trazo de un laberinto (v.9) de ideas en el que se pierde / nos pierde Quevedo, y para el que ha utilizado la adinata, el juego con “imposibles” que tanto se utilizó en la poesía medieval.
El poder desconsolador de las parejas de opuestos es desnudado y nos enfrentamos al lado irracional de los conceptos, y a la inconsistencia implícita que los une. Esa inconsistencia no pertenece al dominio del hombre, y el yo poético, profundamente desengañado, nos lo quiere mostrar: salta de una esticomitia perfecta a otra, y un abismo de silencio separa cada verso, debido en gran parte a la fuerte puntuación impuesta y a la esencial desconexión que existe entre los conceptos expuestos. El contenido de cada verso es ora blanco, ora negro, como un tablero de ajedrez.
Tal enumeración, por su extensión, sólo puede ser fruto de un pensamiento obsesivo. Se trata de un pensamiento compacto de gran intensidad conceptual, en cierto modo interpretable a modo de grito desgarrado que emerge de un deseo de comprender lo incomprensible.
Cansados de esta infructífera partida con las paradojas, arribamos al último terceto, y entramos en la segunda parte del poema: gracias al cansancio producido por los densos versos anteriores, podemos compartir / comprender la postura que decide entonces adoptar Quevedo; el tránsito de la primera parte del soneto a la segunda es extremadamente brusco, ya que, aunque la primera ya finaliza con una interrogación retórica que contrasta con todo lo anterior, el principio de la segunda parte rompe todavía más con la tónica inicial y adopta un tono más relajado -cansado-.
Profundamente desengañado, Quevedo afirma, -haciendo uso de su característica e hiperbólica terquedad y de un orgullo pacífico y sabio-, que no se arrepiente de haber vuelto a entablar batalla con los conceptos inasibles que le están consumiendo, y nos anuncia su resolución postrera: lo mejor es ser decididamente desdichado, es decir, ignorar las respuestas.
Y a lo que íbamos... POR QUÉ afirmo que NO SE TRATA DE UN POEMA AMOROSO COMO LOS DEMÁS?? Desde la primera lectura de este soneto, no he podido estar del todo de acuerdo con la clasificación que se le impone en la sección de sonetos amorosos. Ignoro mucho sobre aspectos importantísimos, como el proceso de transmisión de estos versos, las variantes conservadas, los mares de bibliografía publicados sobre el barroco y sus autores… pero comparto con cualquier filólogo y no filólogo una característica esencial: la incapacidad de saber qué pensaba Quevedo. Por esa razón considero que es imprescindible usar la imaginación/intuición: por poco que uno le dé vueltas a este poema, se verá obligado a valorar la posibilidad de la lectura que propongo: SONETO METAFÍSICO.
RAZONES:
En el conjunto de poemas amorosos conservados, he verificado que se presentan ciertas características comunes que no se encuentran en éste:
• Aparece explícitamente la referencia al amor.
• Invocación a la amada o, en su defecto, al Amor, directa o indirectamente, y en ocasiones a los dos a un tiempo.
• La voz se dirige a alguien cercano, y aparecen numerosos pronombres personales de segunda persona, e incluso el nombre propio de la implicada.
• En la mayoría de los poemas se describe, de forma más o menos extensa, a la amada o algún detalle o anécdota relacionados con ella.
Las razones que se me ocurren para explicar la presencia de este soneto entre el resto de poemas amorosos son:
• Se encuentra, en el original conservado, muy cerca de otro de estructura muy parecida y de temática claramente amorosa:
[ Las tres Musas,38, a ]
Osar, temer, amar y aborrecerse,
alegre con la gloria atormentarse;
de olvidar los trabajos olvidarse;
entre llamas arder, sin encenderse;
con soledad entre las gentes verse, 5
y de la soledad acompañarse;
morir continuamente; no acabarse;
perderse, por hallar con qué perderse;
ser Fúcar de esperanzas sin ventura,
gastar todo el caudal en sufrimiento[s] 10
con cera conquistar la piedra dura,
Son efetos de Amor en mis lamentos;
nadie lo llame dios, que es gran locura:
que más son de verdugo sus tormentos.
CONCLUSIONES
Podríamos, por tanto, pensar que Quevedo debería haber seguido estas “normas” de composición. Y sabemos, al mismo tiempo, que una de las características que definen la poesía de Quevedo es su notable capacidad para reinterpretar los tópicos más trillados. Por tanto, cabe valorar la posibilidad de que, en el caso del segundo poema citado, jugara al juego de su época, a modo de entretenimiento, y que, en cambio, en “Tras arder siempre, nunca consumirme;” decidiera dar un paso más y vestir una idea no amorosa con estos ropajes confusos, lo cual supone una innovación importante que no nos puede sorprender, ya que Francisco de Quevedo y Villegas nada toca que no quede resellado como suyo.
Es posible seguir pensando que este soneto habla únicamente de la pasión amorosa -y de ahí su clasificación actual-, pero considero que puede resultar tan útil y efectivo como afirmar que San Juan o Santa Teresa cantaban al amor humano. ¿o no?
Por: roser amills | Mis obritas | Comentarios (0) | Referencias (0)