Estás dentro de mi cuaderno de notas totalmente improvisadas.
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Hacerse una serie de autorretratos. ¿Para que? ¿Qué hay de diferente en nuestro rostro de un día a otro, de un mes a otro mes? Qué hay de distinto, para que pueda ser mirado. Quizás la mirada más compleja, la mirada que muy pocos podemos proponemos como tarea sea la de indagar el lento cambio de nuestro rostro. Su aparición y desmoronamiento. Un rostro es un paisaje. Y, al igual que la naturaleza, va asumiendo nuevos pliegues, nuevas manifestaciones. Nuestro rostro cambia como varía la tierra, imperceptiblemente. Nuestro rostro es otra geografía: invisible. De allí que la insistencia en el autorretrato sea el oficio de aquellos trabajadores del mirar, de los topógrafos, de lo orógrafos del tiempo. Recordémoslo: ese rostro que vemos igual cada día no es el rostro de ayer, ni mucho menos el rostro de mañana. Repitámoslo: más allá del ver está el mirar‑, más allá del espejo está el tiempo
Mi ciudad natal es Algaida, en Mallorca, alias "sa roqueta", Islas Baleares, pero vivo en Barcelona desde 1992 (¡casi nada!)
Libros publicados que me encantaría que leas algún día (que para eso los publiqué, jejeje)
Uno solo, por favor (poesía, Calambur)
Lais per amants distingits (poesía, Abadia Editors)
Nos casamos (Ensayo, Maeva)
Mejan (Biografía, El Tren del Arte, Anuart Ediciones)
La ciencia de la serenidad (Ensayo, Ámbar, Océano Editorial)
Guía de teleservicios de Barcelona (El País Aguilar)
Guías de experiencias para "La vida es bella" (La Vida es Bella - FNAC)
Nada es del todo poesía ni prosa ni ficción ni no ficción. Es lo que es, lo que hay y lo que podría haber. Y no. En definitiva: la fiesta está en tu interpretación.
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algunos sabios griegos, preocupados por el estudio de los elementos, al preguntarse qué nos movía, el alma-motor, especulaban si se trataba de un fuego o del éter, mientras otros afirman hoy que lo que guía la acción humana es la información...
Sábado, 29 de noviembre de 2008
Los primeros paraguas registrados como tales en la historia son de 1637 y figuran en el inventario de efectos personales dentro de la familia de Luis XIII, rey de Francia. En los dos siglos siguientes el paraguas fue considerado como un utensilio estrictamente femenino, quizás por derivar de la sombrilla o quizás porque era un accesorio para cuidar los complicados accesorios del cabello. Su peso habitual era cercano a los dos kilos, hasta que en 1852 Samuel Fox (de Yorkshire, Inglaterra) consiguió acoplar la tela impermeable y las varillas de acero plegables, creando un formato que se ha mantenido hasta hoy.
Entre uno y otro extremo, algunos hombres se atrevieron a usar paraguas en público, pero fueron considerados audaces, extravagantes o afeminados. El adelantado en la materia fue el filántropo Jonas Hanway, en Londres, hacia 1750. Había vuelto de un largo viaje por Rusia y Persia, de donde trajo la innovación, pero durante unos treinta años no tuvo imitadores. Uno de sus biógrafos señala que Hanway “se vio obligado a sufrir los insultos de los cocheros y la crítica de las personas devotas, quienes sostenían que el hombre desafiaba el propósito celestial de la lluvia, que era empapar a la gente”.
Tomado de Segunda enciclopedia de datos útiles, Homero Alsina Thevenet, Ediciones de la Flor, 1987.
Por: roser amills | Cosos y cosas | Comentarios (1) | Referencias (0)
Marcóticos | 27-06-2006 15:01:36