Estás dentro de mi cuaderno de notas totalmente improvisadas.
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Hacerse una serie de autorretratos. ¿Para que? ¿Qué hay de diferente en nuestro rostro de un día a otro, de un mes a otro mes? Qué hay de distinto, para que pueda ser mirado. Quizás la mirada más compleja, la mirada que muy pocos podemos proponemos como tarea sea la de indagar el lento cambio de nuestro rostro. Su aparición y desmoronamiento. Un rostro es un paisaje. Y, al igual que la naturaleza, va asumiendo nuevos pliegues, nuevas manifestaciones. Nuestro rostro cambia como varía la tierra, imperceptiblemente. Nuestro rostro es otra geografía: invisible. De allí que la insistencia en el autorretrato sea el oficio de aquellos trabajadores del mirar, de los topógrafos, de lo orógrafos del tiempo. Recordémoslo: ese rostro que vemos igual cada día no es el rostro de ayer, ni mucho menos el rostro de mañana. Repitámoslo: más allá del ver está el mirar‑, más allá del espejo está el tiempo
Mi ciudad natal es Algaida, en Mallorca, alias "sa roqueta", Islas Baleares, pero vivo en Barcelona desde 1992 (¡casi nada!)
Libros publicados que me encantaría que leas algún día (que para eso los publiqué, jejeje)
Uno solo, por favor (poesía, Calambur)
Lais per amants distingits (poesía, Abadia Editors)
Nos casamos (Ensayo, Maeva)
Mejan (Biografía, El Tren del Arte, Anuart Ediciones)
La ciencia de la serenidad (Ensayo, Ámbar, Océano Editorial)
Guía de teleservicios de Barcelona (El País Aguilar)
Guías de experiencias para "La vida es bella" (La Vida es Bella - FNAC)
Nada es del todo poesía ni prosa ni ficción ni no ficción. Es lo que es, lo que hay y lo que podría haber. Y no. En definitiva: la fiesta está en tu interpretación.
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algunos sabios griegos, preocupados por el estudio de los elementos, al preguntarse qué nos movía, el alma-motor, especulaban si se trataba de un fuego o del éter, mientras otros afirman hoy que lo que guía la acción humana es la información...
Lunes, 22 de diciembre de 2008
Los familiares complicados pueden convertir las fiestas de Navidad o Año Nuevo en un suplicio porque exigen un esfuerzo enorme para soportarlos. Gladeana McMahon, consultora de políticos y celebridades del Reino Unido, elaboró una tipología con cuatro clases de parientes que pueden arruinar una reunión familiar y la manera de cómo enfrentarlos.
EL AGUAFIESTAS
Si hay una persona que se emborracha, provoca peleas o insulta al resto, es importante fijar los límites desde un principio. "Las personas pasan más tiempo preocupadas del problema que de solucionarlo", dice McMahon. Por eso, lo primero es asumir la responsabilidad y no esperar que alguien más lo haga. El consejo es hablar con ese miembro de la familia antes del evento. McMahon recomienda, primero, decirle sus características positivas para ablandar el terreno. Lo que sigue es comentarle directamente el comportamiento complicado: "Creo que tomas mucho alcohol y eso molesta en el resto", por ejemplo. "Luego es necesario validar el hecho de que te encantaría tenerlo en Navidad, pero necesitas una promesa de que tendrá más cuidado este año", sigue. Pamela Soto, sicóloga del Instituto Chileno de Terapia Familiar, agrega que la clave está en decirle que provoca efectos negativos en el resto, lo que puede generar mayor comprensión y un cambio de actitud.
EL EXPERTO
Este tipo de persona es bastante buena en lo que hace y a veces tiene grandes ideas. El problema es que está tan convencido de que tiene razón, que suele aplicar un plan sin dejar que nadie opine. "Tú sales de la habitación y cuando vuelves, encuentras los asientos y la mesa reorganizados", ejemplifica McMahon. Y aunque la consultora dice que es más simple darles la razón, mientras más se opta por el camino fácil, más se alienta su comportamiento. Este perfil corresponde con el del narciso. Por eso, la mejor manera de enfrentarlo es alabándolo, para luego hacerle ver la propia opinión. Una buena manera, dice la siquiatra Patricia Fernández, es decirle "gracias por tu idea, pero todos tenemos ideas. A lo mejor la tuya es la más brillante, pero todos queremos participar". El hecho de alabarlo implica que el narciso escuchará, porque de lo contrario no suelen tomar a bien lo que se les diga.
EL BULLDOZER
Se puede reconocer a un bulldozer como una persona que da órdenes y espera su total cumplimiento. Atropella a los demás con agresividad, tiende a hablar en voz alta y a interrumpir al resto. La mejor estrategia para tratar con ellos es coincidir con su expresión corporal. "El lenguaje de tu cuerpo debe ser el espejo del lenguaje del cuerpo del otro", dice McMahon. Esta técnica triunfa sobre los demás, porque nuestro subconsciente tiende a ver al otro como un igual, como una persona amigable, y en este contexto, esto puede ser muy útil para calmarlo. Lo último es entrar en una competencia de argumentos. "Manténgase en calma, pero hágale saber que usted lo ha escuchado", sigue McMahon. Para el sicólogo Patricio Venegas, los familiares pesados sólo existen mientras haya quien los escuche. "Uno se junta con la misma gente y se convierte en el público cautivo de estas personas desagradables", agrega. Su consejo es decir lo que nos molesta de frente.
EL CRITICÓN
Un "criticón" puede encontrar una forma de quejarse sobre cualquier cosa y nada será lo suficientemente bueno para que cambie su mentalidad. A veces estas personas critican en "baja frecuencia", casi como un zumbido, pero saben perfectamente que los demás van a escuchar. Otras veces, son más directas y dicen lo que les parece sin importar qué piensa el resto. Frente a ellos, lo primero que se debe hacer es no tomar lo que dicen personalmente para no frustrarse. "Estas personas quieren el reconocimiento y en vez de buscarlo de la forma normal, tratan de llamar la atención a través de sus críticas", dice McMahon. Por lo tanto, hay que despersonalizar la crítica. "El criticón está poco feliz con su vida y critica para perder el interés en sí mismo", explica Patricia Fernández, siquiatra de la Clínica Indisa. La mejor manera de defenderse, según la especialista, es no enojarse y devolverle un comentario que él o ella no espera: algo agradable.
CUANDO SE PELEA ANTES DE LA FIESTA
Los adultos que pelean antes de una fiesta importante están subyaciendo una inseguridad profunda, un miedo social, un temor a enfrentar el encontrarse con otras personas. "Es un susto a verse involucrados en reuniones familiares, pánico a los eventos sociales, a compartir, a enfrentar a los parientes desagradables. ¿Y para qué discuten? Para generar adrenalina para enfrentar la situación", dice Patricio Venegas, sicólogo especialista en parejas. Para enfrentarlo, sigue el profesional, hay que adentrarse en esa inseguridad y tratar de resolverlo con uno mismo. Segundo, es buena idea irse con tiempo a la fiesta y llegar a colaborar, a cooperar, a participar, a enfrentar de a poco el ambiente y no recibirlo de golpe, explica. El tercer paso es concentrarse en una cosa: es una fiesta familiar, uno no es el centro de ella y hay que poner los afectos en ese momento.
Por: roser amills | Cosos y cosas | Comentarios (0) | Referencias (0)