EN BUSCA DEL FUEGO

de roser amills bibiloni

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Hacerse una serie de autorretratos. ¿Para que? ¿Qué hay de diferente en nuestro rostro de un día a otro, de un mes a otro mes? Qué hay de distinto, para que pueda ser mirado. Quizás la mirada más compleja, la mirada que muy pocos podemos proponemos como tarea sea la de indagar el lento cambio de nuestro rostro. Su aparición y desmoronamiento. Un rostro es un paisaje. Y, al igual que la naturaleza, va asumiendo nuevos pliegues, nuevas manifestaciones. Nuestro rostro cambia como varía la tierra, imperceptiblemente. Nuestro rostro es otra geografía: invisible. De allí que la insistencia en el autorretrato sea el oficio de aquellos trabajadores del mirar, de los topógrafos, de lo orógrafos del tiempo. Recordémoslo: ese rostro que vemos igual cada día no es el rostro de ayer, ni mucho menos el rostro de mañana. Repitámoslo: más allá del ver está el mirar‑, más allá del espejo está el tiempo

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Mi ciudad natal es Algaida, en Mallorca, alias "sa roqueta", Islas Baleares, pero vivo en Barcelona desde 1992 (¡casi nada!)
Libros publicados que me encantaría que leas algún día (que para eso los publiqué, jejeje)
Uno solo, por favor (poesía, Calambur)
Lais per amants distingits (poesía, Abadia Editors)
Nos casamos (Ensayo, Maeva)
Mejan (Biografía, El Tren del Arte, Anuart Ediciones)
La ciencia de la serenidad (Ensayo, Ámbar, Océano Editorial)
Guía de teleservicios de Barcelona (El País Aguilar)
Guías de experiencias para "La vida es bella" (La Vida es Bella - FNAC)

por cierto...

Nada es del todo poesía ni prosa ni ficción ni no ficción. Es lo que es, lo que hay y lo que podría haber. Y no. En definitiva: la fiesta está en tu interpretación.

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algunos sabios griegos, preocupados por el estudio de los elementos, al preguntarse qué nos movía, el alma-motor, especulaban si se trataba de un fuego o del éter, mientras otros afirman hoy que lo que guía la acción humana es la información...

Sábado, 21 de febrero de 2009

Bye, bye Barbie (parte II), por Plural Comunicaciones

Bye, bye Barbie (parte II)

Pero veámoslo desde el principio.
Durante el feudalismo europeo, el aldeano promedio mantenía un exiguo cotidiano contextualizado por el mismo paisaje, el mismo hábitat, los mismos utensilios y la misma indumentaria. En ese espacio acotado, el solo alcance de la mirada bastaba para abarcar el mercado completo. Las manos eran suficientes para tocar todos los productos y los oídos para escuchar a todos los vendedores. Mientras aquel consumidor disponía de una oferta que no superaba el centenar de ítems, el “aldeano” de hoy se asoma, en cualquier hipermercado, a una oferta en torno a las 50.000 referencias. No hay ojos que abarquen todo este conjunto, no hay tiempo para palpar la evidencia física de cada propuesta, no hay capacidad de comparación ni criterio que ampare una elección objetiva entre tal diversidad. Aquel mercado de plaza donde todo era visible, medible y sopesable, hoy es una virtualidad sostenida por representaciones, de tal forma que los productos pasan de existir en lugares físicos a habitar lugares mentales.

Nosotros, los modernos aldeanos, no vemos automóviles sino millones de pixeles que componen automóviles. Y no comparamos mantequillas sino fotogramas de películas donde se construye la ilusión de la mantequilla derritiéndose. Pero no vale la pena llorar por ello. En verdad, contra todo lo que pudiera alarmarse una mentalidad lineal, este proceso de desmaterialización no es un acto de dilución, sino de transformación: lo que el producto pierde en presencia física lo gana en existencia comunicacional y lo que pierde en materialidad, lo gana en significado. Así, cuando necesitamos afecto, buscamos a la marca que signifique afecto y si necesitamos precio, buscamos a la marca que signifique precio. Estos actos alquímicos no son sino la metamorfosis del producto real en producto comunicado, o, aun más específicamente, la conversión del producto en marca. La marca es, entonces, el producto significado y el espacio donde se legitima la significación en la cultura contemporánea son los medios.

Los medios re-presentan al mercado, lo sintetizan, lo ponen al alcance, lo evidencian. Es en los medios donde se manifiesta la transferencia de la realidad física del producto a la realidad comunicacional de la marca. Y es en los medios donde la función primordial de la marca -su capacidad de diferenciar e influir- se puede expandir a todo el repertorio simbólico de la persuasión. Si consensuamos que “persuasión” es la única palabra que le confiere sentido a la publicidad, no resulta difícil comprender la intimidad de esta actividad con la cultura mediática, o más aun, la subordinación de su supervivencia a la supervivencia de los medios como motor de la transferencia persuasiva.

Publicado en Febrero 6, 2009 at 3:52 pm
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Por: roser amills | para debatir | Comentarios (0) | Referencias (0)

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