Estás dentro de mi cuaderno de notas totalmente improvisadas.
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Hacerse una serie de autorretratos. ¿Para que? ¿Qué hay de diferente en nuestro rostro de un día a otro, de un mes a otro mes? Qué hay de distinto, para que pueda ser mirado. Quizás la mirada más compleja, la mirada que muy pocos podemos proponemos como tarea sea la de indagar el lento cambio de nuestro rostro. Su aparición y desmoronamiento. Un rostro es un paisaje. Y, al igual que la naturaleza, va asumiendo nuevos pliegues, nuevas manifestaciones. Nuestro rostro cambia como varía la tierra, imperceptiblemente. Nuestro rostro es otra geografía: invisible. De allí que la insistencia en el autorretrato sea el oficio de aquellos trabajadores del mirar, de los topógrafos, de lo orógrafos del tiempo. Recordémoslo: ese rostro que vemos igual cada día no es el rostro de ayer, ni mucho menos el rostro de mañana. Repitámoslo: más allá del ver está el mirar‑, más allá del espejo está el tiempo
Mi ciudad natal es Algaida, en Mallorca, alias "sa roqueta", Islas Baleares, pero vivo en Barcelona desde 1992 (¡casi nada!)
Libros publicados que me encantaría que leas algún día (que para eso los publiqué, jejeje)
Uno solo, por favor (poesía, Calambur)
Lais per amants distingits (poesía, Abadia Editors)
Nos casamos (Ensayo, Maeva)
Mejan (Biografía, El Tren del Arte, Anuart Ediciones)
La ciencia de la serenidad (Ensayo, Ámbar, Océano Editorial)
Guía de teleservicios de Barcelona (El País Aguilar)
Guías de experiencias para "La vida es bella" (La Vida es Bella - FNAC)
Nada es del todo poesía ni prosa ni ficción ni no ficción. Es lo que es, lo que hay y lo que podría haber. Y no. En definitiva: la fiesta está en tu interpretación.
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algunos sabios griegos, preocupados por el estudio de los elementos, al preguntarse qué nos movía, el alma-motor, especulaban si se trataba de un fuego o del éter, mientras otros afirman hoy que lo que guía la acción humana es la información...
Viernes, 14 de agosto de 2009

Este año le he dado la vuelta a todo haciendo lo mismo de siempre: he visitado a la familia para que vean cuánto han crecido los niños desde el año pasado y tías, primos, amigas y amigas de amigas me enseñen a los suyos, he comprado los billetes de avión a última hora y hemos encontrado plazas libres en un horario loco que nos ha aportado un plus de aventura en los aeropuertos, hemos comprado lacasitos en un duttyfree, a mi amiga de infancia le he contado algún secreto nuevo y he escuchado los suyos encantada, hemos recorrido las playas y plazas y calles más agradables de Mallorca sin rumbo y hemos acabado en los lugares adecuados para alimentar nuestras ganas de divertirnos en buena compañía, los niños se han pasado horas a remojo en la piscina practicando chapuzones nuevos y cuando se aburrían del agua se han entretenido buscando hormigas o (lo siento!) pintándole las paredes a mi amiga, hemos usado protector solar y no nos hemos quemado, nos ha entrado sueño a todos al mismo tiempo después de comer y nos hemos repartido los cojines del sofá sin decir nada, hemos escuchado algunas canciones del verano distorsionadas por el ajetreo urbano y he recuperado mi acento mallorquín y cuanto ello comporta en mi cerebro; también hemos comido patatas fritas y gominolas antes de cenar y hemos elegido unas cuantas postales especiales, hemos visto una fiesta de la espuma con la nueva canción de shakira a todo volumen, hemos visitado la catedral de Palma para refrescarnos las ideas entre sus rosetones, ahora enriquecidos con la aportación de Miquel Barceló, hemos pasado frío y hemos escuchado de madrugada y entre sueños una tormenta eléctrica en pleno agosto, hemos desayunado fruta algún día como si estuviéramos en el Caribe y mi amiga y yo nos hemos bañado de noche en la piscina con una copa y un cigarrillo húmedo como reinas de Saba en su rato libre, y hemos charlado durante largas sobremesas con las visitas sobre la lluvia de Perseidas que estaba al caer pero nadie parecía recordar qué día empezaba, hemos repetido sorbo a sorbo lo ricas que están las hierbas secas artesanales y hemos hecho planes para repetir el verano que viene; como siempre, se nos ha acabado la batería del móvil y no pasaba nada, he vuelto a aprender la receta de los macarrones de mi abuela y lo cabroncetes que son los mosquitos en cuanto se pone el sol; hemos gastado las chanclas y hemos disfrutado descalzándonos, hemos visto a los turistas montarse en los carros tirados por caballos para recorrer Palma, hemos asistido con suma atención (y cuanta discreción hemos sido capaces de mantener) a un amor de verano adolescente, hemos pedido una caña a la sombra cuando el sol estaba a punto de tumbarnos, al tercer día ya hemos arrugado camisetas limpias al fondo de la maleta porque no teníamos tiempo ni ganas para el orden del resto del año y nos hemos duchado como si fuéramos a una fiesta para salir a dar un paseo nocturno. Hemos intercambiado regalos, recuerdos, consejos, trucos, filosofías, prendas, pendientes, cremas, planes para septiembre... nos hemos pintado las uñas de los pies con dibujos divertidos y hemos aprendido a dormir sin ruido. Ah! y hemos estado muy asustados con las bombas de ETA.
Y todo ha sido diferente, insisto, aunque de entrada pueda parecer de lo más convencional, unas vacaciones más... Pero este verano las vacaciones en mi tierra me han sabido especialmente bien porque hemos hecho únicamente lo que nos apetecía, y que no es ni más ni menos que disfrutar cada momento con la convicción de que merecía la pena estar ahí y en ese momento. Pero es que este verano ¡lo hemos conseguido de veras!
Por: roser amills | y digo yo... | Comentarios (1) | Referencias (0)
Si, la senda filosófica que te lleva a encontrar el sentido de la existencia. ¡Estupendo! y precisamente en vacaciones, de seguro que serán inolvidables.
iRobot | 19-08-2009 11:37:25